02
Abr
10

Los malditos sin-patria

Admito con vergüenza que hace un tiempo, en el verano, con un amigo de una u otra manera caímos en los trucos de dos gitanas, yo perdí dos lucas y él algo más. Ese día me fui entre avergonzado y rabiando, sobre todo por mi amigo. Era una sensación de ultraje e impotencia bien fuerte la que quedó dando vueltas varios días. Luego resultó ser que me dí cuenta de una inconsecuencia grande en mí: escuchando Goran Bregovic, Emir Kusturika, La Mano Ajena, La Romería de Santa Fortuna y vibrando con esos ritmos, asegurando que el pueblo gitano sufre pero criando un odio por ellos en mi interior. Así que me puse a pensar consternado, y de esa manera llegué a una conclusión.
Sí, los odiamos. Los odiamos hasta el fondo y no los queremos cerca. Algunos lo admitirán y otros no, pero en el fondo los odiamos, por que han escapado. Los odiamos por que no hemos sido capaces de dar el paso que ellos dan. Bajo un orden claro, patria, trabajo, orden, funcionalidad, racionalidad, quisiéramos arrancarnos alguna vez, pero las normas sociales finalmente son deseables, o al menos coersitivas. De esa manera, tal vez todos quisiéramos ser gitanos, poder movernos a placer, vivir en comunidad, ir a donde nos plazca y disponer del territorio mundial sin estar circunscritos a cierta localidad, a cierta ciudad, a cierta casa, dirección, sentido, funcionamiento.
El problema es que seguimos una serie de normas, la moral y las buenas costumbres, la sensatez, qué se yo. No nos permitimos arrancar, nos meamos de miedo. Eexactamente, somos capaces de dejar que se nos suelte el esfinter en el pantalón o la falda, dejar que se arranquen nuestras ideas en vergonzosa manera y que se juege en contra de nuestra voluntad, antes de desafiar de frente al orden al que pertenecemos. Por eso odiamos a aquellas mujeres que no se someten, a la comunidad LBGT, a los libertarios, a los locos, a los delincuentes, a quienes viven su sexualidad de forma libre, a quienes no se visten como las revistas o las modas “sensatas”, a los que dicen chocolate por sangre o gánate en vez de ponte, a los mapuches y, así entre esa lista, a los gitanos. Nos meamos de miedo cuando nos demuestran que sí hay otras formas de vivir y nos desafían.


1 Response to “Los malditos sin-patria”


  1. 1 Nicolás Rojas
    abril 2, 2010 a las 3:32 pm

    Desde que vi por primera ves una pelicula de Kusturica tengo una fascinación extraña por los gitanos, su forma de ser tan particular, esa alegría que irradian en sus ceremonias y su indiferencia al orden establecido, me da envidia. Tengo un temor a las situaciones nuevas, a los lugares nuevos y a todo lo que implique algo fuera de lo común, si hasta cuando voy de vacaciones me enfrento a una serie de cuestionamientos debidos a este miedo a tener que experimentar contextos muy extraños. Pero hay fugas, creo que se dan poco en nuestra vida tan cuedrada pero las vivimos de ves en cuando, una ves a las miles podemos salirnos de nuestra celda y volar un rato. Es rico, pero no suficiente, nos la permitimos solo como “un gustito” dentro de nuestros esquemas convencionales, pero nunca como un estilo de vida distinto.

    PD: lo lamento por tus dos lucas

    Saludos cordiales


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